Yo trabajo de… víctima.

Posted on 13/01/2009

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Siempre me llamó la atención la necesidad de la gente de sentirse en minoría, nunca los entendí, pero la mayoría de las personas cuando no tienen razón, o se mueven en un círculo de gente que no se la va a dar, se ponen en víctimas. Son unos incomprendidos…

Estas situaciones se dan generalmente con personas radicales, personas que por su inflexibilidad a la hora de debatir, son incapaces en reconocer un cambio de postura a favor se su “enemigo”, porque es así, ellos tienen enemigos, necesitan vivir en el enfrentamiento para sentirse vivos. 

Y van por la vida acusando a todos aquellos que los rebaten de autoritarios, de fascistas, de dictadores, y no importa si en un grupo de cien personas, noventa y ocho le dicen que está equivocado… se mantendrán firmes tratando de conseguir tener la verdad, arruinando todo espacio que tocan, y convirtiéndolo en un lugar ingrato para cualquiera. 

Mi mal humor porteño me lleva a no ir a muchos lugares donde se que no voy a estar cómodo, les escapo, reuniones familiares de mi esposa, grupo de conocidos que me invitan por “obligación” y cuyas invitaciones desestimo por “cortesía”, compañeros trabajo que dicen “tenemos que salir una noche todos juntos”… puedo llevarme bien con ellos almorzando, pero no iría ni borracho una noche de fiesta por ahí en su compañía. 

Trato de evitar el sufrimiento, intento que nadie me pueda amargar el día y es por eso que si me siento cómodo en un lugar voy, si no voy a ser feliz  me busco otro. No quiero cambiar a las personas y amoldarlas a mi gusto para no confrontar con ellas. No quiero tener la razón o vivir en un debate político/social/religioso/futbolístico constante. Odio a las personas que necesitan hablar todo el día como si estuvieran en un plató de televisión. 

Hablar “en serio” debería ser algo reservado para nuestro círculo más intimo, donde nos podemos expresar libremente sin llegar a acusaciones difamatorias, deberíamos hablar en serio solo, con personas que nos conocen, no puedo ni quiero explicar todo mi razonamiento ideológico para que alguien entienda lo que quise decir con esa última frase. No pienso hacerlo. 

Un estudio realizado en el último asado familiar me demostró que las personas que recurren a estos métodos, aunque lo nieguen, son personas de vidas vacías, personas que solo logran llamar la atención por medio de los gritos, la violencia y la discordia. El famoso tío borracho en la punta de la mesa criticando a nuestro primo menor “por que nunca trajo una novia el maricón este”… ¿Y vos tío?… por que sos un semental incontrolable, pero terminaste con esa gorda bigotuda como compañera de tu vida… Muy bueno no sos tampoco. 

O esa persona exitosa en el trabajo que tiene una vida de mierda, y llega a una reunión y se encarga de recordarle a uno de los presentes que su vida va mal, que no pasa por un buen momento, que tiene que recurrir a la agresión de un tercero para demostrar lo que consiguió, una 4 x 4… un plasma de 50″… un viaje de fin de semana a un lugar caro… un vecino que se mueve a su esposa cuando no está… hace poco perdí la paciencia en una reunión con un tipo de este calibre, y en lugar de preguntarle a él miré a su esposa y le dije… ¿Vos seguirías con un tipo tan imbécil cuando se le acabe la tarjeta de crédito?… ella guardó silencio, él amablemente me puteó de arriba abajo y se fue… no soportó la humillación, esa humillación a la que estaba sometiendo a un tercero… desde ese momento la fiesta fue divertida. 

Cuando vuelvo de la Capital Federal hacia mi casa por Av. Córdoba en el puente de Juan B. Justo había pintada una frase muy sábia, no me cansaba de leerla, decía así: ¿Querés tener razón, o ser feliz?… 

Que profundo es el saber popular… y ante los desconocidos, prefiero vivir equivocado. 

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