Ángela…

Posted on 10/02/2009

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Un ángel me vino a despertar:

– Hola negro!… te habla Mary… Jero nos dio tu teléfono…

Entre dormido y sorprendido escuchaba como del otro lado del teléfono, gritos eufóricos femeninos, no entendía nada. Más tarde me entero que Jero les pasó mi número de teléfono por que no los podía atender… las 5 horas que estuvimos juntos ayer le sirvieron para algo.

Dos horas después  me encuentro entre dormido y malhumorado yendo hasta el Tren de la costa, vamos a tomar un café y a hablar un rato. Y ahí nace esta historia. 

Mary y Gaby se conocieron en la escuela primaria, compartimos muchos juegos, paseos y cumpleaños, crecimos juntos, aunque no tanto. Cuando entrábamos a la adolescencia yo tenía 4 amigos… Jerónimo, Cocho, Agustín y Diego. Conocíamos mucha gente y por que negarlo, éramos muy populares. 

Me acuerdo de Gaby y sus novias, de Mary y sus novios… me acuerdo de las peleas entre ellos y de sus miradas de deseo. Se querían, pero no se lo demostraban. Y así pasaron todo el colegio sufriendo los amores del otro, me acuerdo que alguna vez hablé con ella de esto, por que él lo intentó. Y ella le dijo que no. 

Hoy la veo a Mary embarazada… a sus 37 años espera su primer hijo, no los veía a ellos desde hace… ¿15 años? más o menos. Y la historia del embarazo me cambió la mañana. 

Se encontraron hace 6 años, los dos cargaban un divorcio en su espalda y él la invitó a tomar un café un su casa, y ella nunca más volvió a salir de ese nido. Y al tiempo decidieron buscar un hijo, que se les negaba, pero seguían intentando. ^

Probaron con la ciencia, hicieron todo lo que les decían pero nada funcionaba, decenas de tarritos llenados con la ayuda de películas y revistas porno, polvos echados con almohadones abajo, arriba y colgados del techo, cientos de orgasmos calculados con el almanaque, y nada, la cigüeña no deba señales de vida.

Miraban al cielo, si, ninguno de los dos es muy creyente, es más, no son nada creyentes, pero también probaron con la religión, no iban a misa pero pedían al de arriba un favor, sus plegarias nunca fueron atendidas, ningún regalo bajó del cielo para aliviar sus dolores del alma.

Hablaron de adoptar, pero algo les decía que no, que tenían que esperar… el amor tenía que dar sus frutos. Lloraron juntos y separados, lloraron mucho, sufrieron mucho, pero lo de ellos era un amor cosechado desde la infancia, un amor que maduró mucho antes de ver la luz.

Cinco años después. Y con el ánimo agotado decidieron hacer un viaje a Buenos Aires, en una plaza porteña, por la zona de retiro estaban los dos sentados en un banco y una nena se acercó a ellos, sin decir nada, le dio a Mary un beso en la panza… “Ángela, vení para acá… no molestes a la gente” riñó una madre a lo lejos… Ángela sonrió, se dió vuelta y se fue. La historia ya estaba escrita.

Mary sintió desde ese momento que algo cambiaba en ella, no se animó a decirlo, pero lo sintió… sintió que algo comenzaba a latir, que las lágrimas ya eran parte del pasado y que todo el dolor sufrido, había dado sus frutos, escondió el secreto durante semanas, hasta que un test confirmó sus sospechas.

La intuición femenina no falló, dentro suyo había vida y hoy, esa vida se presiente tras un panza redonda que lleva con orgullo dentro de su metro setenta y su pelo lacio. “Es una nena… y se va a llamar Ángela”.

Volvieron a Buenos Aires hace un mes, se van el domingo, volvieron a pagar una deuda, todas las tardes vuelven a la Plaza del beso a buscar a la nena, quieren contarle la historia, quieren decirle a la madre que la nena no los molestó, que los hizo felices. Y así pasaron todas las tardes desde el primero de enero soportando el calor, esperando el momento.

“Si no la encuentro vuelvo en Mayo, que fue cuando me dio el beso”… dice ella más que convencida, ahora viven a casi 1700 Km. de la capital, en un pueblo a orillas de un lago, ya se imagina a su hija corriendo con las montañas de fondo, ya tienen los abrazos preparados esperando el momento.

Se terminó el café, entiendo por que me llamaron después de tantos años, quieren contar su historia, quieren compartirla, quieren compartir su felicidad y transmitir su esperanza. Me alegro por eso. 

En Mayo nos volveremos a ver, pero esta vez será en casa y ellos ya serán tres… 

 

Yo tengo un ángel en casa… y doy gracias todos los días por eso.

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