Imaginación…

Posted on 19/02/2009

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“Papi, ¿Venís a jugar a mi habitación?” 

– Si, hija vamos…

Este diálogo lo tuvimos hace poco más de un año en Manresa, se acercaba la fecha de retorno a la Argentina y la casa era “lo que quedaba” después del paso de la empresa de Mudanzas. 

Entramos a la habitación y parecía Kosovo… realmente con todos los problemas pre viaje no me había detenido a pensar o a observar el estado en el que estábamos viviendo. El cuarto tenía un poco de ropa, un cama y muebles vacíos. Solo eso. 

¿Con qué jugamos?… dije la borde de las lágrimas, no había nada para jugar. 

– Con esto… me mostró una caja blanca, un tornillo y un alambre. 

“Esta es tu espada” dijo mientras me daba el tornillo. Yo tengo mi varita mágica me explicó mientras me mostraba el alambre y este es el castillo dijo acomodando la caja en un rincón del cuarto vacío. Yo soy la princesa y vos el malo. 

Jugamos toda la tarde, y vi. como mi espada pasaba a ser un remo, una avión, un caballo o un coche, mi tornillo era “fantástico” se convertía en lo que necesitaba con solo decirlo, y usarlo como si fuera eso.

Un año después mi hija ya no es la misma… no es aquella princesa obediente que cantaba en catalán mientras ordenaba su cuarto. Hoy es una princesa del tercer mundo que cuando la mandás a ordenar te dice “ahora lo hago”… y el “ahora” no llega nunca. El “lo hago” tampoco…

La mano de los abuelos y tíos ya se siente en su carácter, sabe que si no lo hace ella los demás lo van a hacer, que solo le falta actuar un poquito y poner cara de víctima. Decidimos usar terapia de choque… si no ordenas vamos quitando cosas del cuarto…

“me llevo esto”… – “vale”… y así se fueron el televisor, la mesita, las sillas, la cocinita, el castillo de Alicia, la computadora de Cenicienta, La Barbie Mariposa, La barbie Princesa de los Animales. La computadora de la sirenita… la… la… y la. 

Así estamos, mi oficina llena de juguetes, la de mi esposa igual. Su cuarto cada vez más vacío. Y nunca la escuchamos dejar de jugar, cantar y reírse. Tenemos la batalla perdida. 

Mientras cenábamos recordé aquella tarde de invierno con un tornillo en mi mano, y Comencé a llevar los juguetes al lugar de donde nunca tendrían que haber salido. Vamos a tener que encontrar la solución de otra forma. Por este camino solo llegamos a la derrota.

Tener un hija que nos obliga a reinventarnos todas las mañanas es, a pesar de todo, maravilloso.  

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