Radio AM…

Posted on 03/07/2009

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(Los japoneses no saben nada)

Esta historia comienza allá por los años 70…

Por el pasillo de mi casa se filtraba a la noche el sonido de la radio de mi mamá, las angostas paredes hacían de parlante de parsimoniosos programas. Cuando era chico la radio era, para un miedoso como yo, una señal de tranquilidad.

Ese sonido me indicaba donde estaba mi mamá todo el tiempo, en la habitación, en la cocina o en el comedor cosiendo. La radio hacia que nunca me sintiera solo y me dormia tranquilo. La infancia nos llena de sueños imposibles, volar, matar a todos los malos en un tiroteo sangriento, hacer piruetas imposibles sobre motos, conducir a 200 km por hora en autopistas llenas… a mi me dió eso y más… mi gran sueño era tener una radio en mi mesita de luz. A esa altura, era un sueño imposible.

Llegó el día… 12 años, la escuela primaria quedaba atrás y ese verano ya recibía trato de adulto, comenzaba a ser responsable de mis actos. Pedí una radio prestada y me acosté temprano, toda la noche escuche a locutores de voz seria hablar de temas que practicamente no entendía, para mi, todos tenían razón en lo que decían a pesar que entre ellos no se ponían de acuerdo.

Pocos años después explotó la moda de la radio FM en la argentina. Entre la Z95 y la Rock & Pop pasaba el verano, Esa radio joven, moderna y dinámica no terminó de atraparme y guardo gratos recuerdos de Radio Bankgog y de “Feedback”, pero nunca pude despegarme de la radio AM.

La adolecencia la pasé entre bancos marrones, malas notas, problemas de conducta, deportes y Dolina… ese es un buen resumen. Todas las noches a las 12 ponía radio el mundo para escuchar “al negro”… recuerdo impresionado sus partidas de ajedrez con los oyentes que lo llamaban para decir sus movimientos y él contestaba en el momento su jugada. Recuerdo haber juntado 3 tableros de ajedrez en mi habitación ante la duda que eso pudiera ser cierto. Y lo era.

Años de facultad… y trabajo. Salia a las 7 de la mañana de casa y ya ponía la Rock & Pop en mi walkman, mientras dormitaba en el 168 desde San Isidro a Congreso escuchaba noticias. Y acá llegamos un punto crítco en mi vida, todas las mañanas cruzaba plaza de mayo con la cortina de “Cual es?” en mis orejas… ahí comenzaba mi día.

A la noche, terminaba muy tarde en Caballito primero (cuando estudiaba en la UTN) y en Once después, cuando estudie en TEA. Recuerdo que siempre tenía que correr para para no perder “el último 168″… Me hice amigo de dos colectiveros que hoy, casi de 20 años después, sigo viendo: El “turco” Asis y Carlitos Pais…

Esa hora y media de viaje la hacia dormitando como podía en el colectivo escuchando Dolina, no era que no pudiera dormir por lo incómodo del asiento, era que me enganchaba con las charlas y los chistes de “el negro” y me resultaba imposible cerrar los ojos… a las 2 de la mañana, Cuando el maestro el “Sordo Gancé” terminaba con sus canciones apagaba la radio. A las 6:30 había que levantarse de nuevo.

Los 90 me encontraron siendo parte de esa movida de medios, pero mi rutina radial era innegociable a la hora de conseguir trabajos. La radio, era mi condición principal para decir que si a una oferta. A la mañana “Cual Es? (hoy me dura todavía) a la tarde me pasaba a “La red” para escuchar programas deportivos, hasta las 17… después… Lalo Mir o un café leyendo diarios que ya había leído. A las 21 empezaba Omar Cerasuolo, con su extraño programa de poesías titulado “La noche que me quieras”, era impresionante, una poesía atras de otra… terminaba y enganchaba “la venganza será terrible”.

Llegamos al sigglo XXI y con él la inmigración. El primer domingo fuera de un hotel en Asturias y con internet instalado en mi nuevo departamento de alquiler, traté por todos los medios posibles de escuchar “Continental” y las transmisión de los partidos por el equipo de “Victor Hugo”, me fue imposible, al punto que terminé llamando por teléfono a Buenos Aires y toda la tarde tuve a mi papá con una radio puesta al costado de su aparato mientras yo escuchaba con el manos libres del otro lado del océano.

Más tarde terminé grabando todos los programas de Dolina y Pergolini con el prosound (si mal no recuerdo) para ir escuchando en el auto. Bendito invento el MP3…

Para mi la radio no es FM, es AM, con su sonido metálico, sucio y poco profesional a pesar que intentan mejorarlo… con sus pérdidas de frecuencia cuando paso por abajo de un puente o hay edificios altos. Con sus programas en formatos clásicos que me aburren cuando los escucho.

De España me traje unos cuantos MP3 por regalos recibidos, el que solía usar se rompió y la verdad, no me gusta la idea de uno “nuevo”. No me gusta porque solo vienen con radio FM… los japoneses entienden mucho de tecnología pero poco de radio.

Voy por la calle y todo el mundo con sus mp3, sus teléfonos o Ipod escuchando música con sonido refinado, y yo… feliz, después de muchos años volví al sueño de mi vida: Me compré una radio analógica, de esas  que vienen con una perilla para sintonizar y otra para encendido y volumen… con un parlante que tiene la misma fidelidad Berllusconi… con una antena desplegable… todo esto por $ 25 IVA incluído.

Hay cosas que el dinero no puede pagar…

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