La mujer no es una “cosa”…

Posted on 02/01/2010

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Los últimos 12 días…

Los últimos 12 días movieron muchas cosas en mi interior, la experiencia vivida me obligó a hacer cambios en mi forma de navegar internet, y creí una obligación hacer pública parte de mi vida privada para explicar las demoras del almanaque soliario.

Los últimos 12 días movieron muchas cosas en mi interior, la experiencia vivida me obligó a soportar situaciones por momentos desesperantes viendo lo que estaba sufriendo mi esposa. Sufrimiento que parece ser comprendido de la boca para afuera, nunca en hechos.

Los últimos 12 días movieron muchas cosas en mi interior, la experiencia vivida me obligó a comprender que para  nuestros gobernantes la mujer es “una cosa”, nunca les creí a los políticos, pero ahora les creo menos que antes.

El martes pasado, mientras esperábamos que nos atendiera el obstetra una mujer nos dijo: ” Yo lo voy a tener sin epidural (se tocaba la panza con piedad), no puedo pagarla”. Minutos después, ya dentro del consultorio, nos informaban que la inyección tenía un costo de $ 700, ” No importa lo que me salga yo voy a pagarla” dijo mi esposa sabiendo el sufrimiento que evita la inyección.

La mujer pobre que sufra, que para eso es pobre… si no la puede pagar que sufra, que se joda por quedar embarazada, que le duela… a ver si aprenden a usar métodos anticonceptivos.  Pareciera que esta es la política de salud en la Argentina.

Defiendo la salud pública justamente por creer que es la via para evitar estas injustcias, ni el rico ni el pobre deben sufrir lo evitable. Esa es mi postura. Por si no les queda claro. Inyección epidural gratis y voluntaria para todas las mujeres donde quiera que se atienda.

Un día después, el miércoles 30, nos enteramos después de 3 médicos que solo se dedicaron a mirar papeles en sus visitas que el bebé ya no tenía latidos, Se había muerto. Era la cuarta ecografía en 9 días… en todas salía que estaba “perfecto”, que no había ningún motivo para preocuparse, supuestamente le hacían esta ecografía para darle el alta… y nos llevamos una sorpresa.

Y acá comienza la otra parte de la historia:

Primero llamamos al obstetra, me pidió disculpas mientras me aclaraba que estaba viajando a “Chacabuco para pasar las fiestas, lo siento”. No me quedó claro que era lo que sentía, si pasar las fiestas en Chacabuco o que yo haya perdido un hijo, lo que me quedó claro, es que él no iba a hacer nada para ayudarnos en ese momento.

Comenzó una rutina además de cansadora, degradante. Si bien todo fue en clínicas privadas muy lindas ( No me quiero imaginar en Hospitales Públicos) nadie quería tomar la situación en sus manos. Hasta que llegamos a la Fundación Hospitalaria en Belgrano donde, cómo siempre, la atención además de brillante es humana.

Pero la mujer “es una cosa” aún en la Fundación Hospitalaria, no tienen como hacer una ecografía salvo los lunes y los miércoles. Me extrañaría si no fuera porque tampoco te la pueden hacer en ningún centro de zona norte y CABA. Mucho menos en un Hospital Público.

Es una verdadera aventura para una mujer conseguir una ecografía de urgencia y mucho más, si estamos en época de fiestas o vacaciones.  Debería ser obligatorio por ley que los Hospitales Públicos presten todo los servicios conocidos como estudios y análisis las 24 horas del día los 365 días del año. La mujer no es una cosa.

Con la muerte consumada, nos sentamos, hablamos, y decidimos tomar esto cómo algo natural, miramos para adelante. Dentro de todo era fácil, nosotros veníamos de una ecografía y habíamos visto en la pantalla la falta de latidos del bebé, pero me pongo en el lugar de esas parejas que, por falta de estudios o análisis sufren lo mismo que nosotros. Hay vidas que se pueden salvar si se actúa a tiempo. Y no es justamente actuar a tiempo hacer esperar 48 / 72 horas una ecografía. La mujer no es una cosa.

El 31 a la noche lo pasamos muy bien, no reimos, disfrutamos en familia, y el dolor del día anterior por un ratito muy chiquitito quedó en el olvido. Era lo que necesitábamos.

EL 1º nos despertamos al medio día, era un día más hasta que se presentaron las contracciones, las médicos que visitamos el 30 y el 31 nos recomendaron que volvieramos a casa tranquilos, y que si no habia novedades en 1 semana los fuéramos a visitar. Que ahora era cuestión de tener paciencia.

No sé cómo, pero en casa se llevó el asunto con gran dignidad, y salvo algún que otro momento de llanto al principio de mi esposa (más que justificado ) la noticia no nos cambió la vida hacia un norte dramático, no estábamos bien, no estábamos contentos, pero tampoco estábamos derruidos. Asumimos nuestro destino.

Una hora después de despertarnos pasó lo que tenía que pasar entre 10 y 30 días más adelante: “Aborto espontáneo de feto muerto” dice el papelito que nos dejó el médico que vino al domicilio. Antes del veredicto se vivieron momentos realmente espantosos para una mujer. Algo no anda bien entre esta patria y los derechos fememinos.

De la nada me encontré con un feto envuelto en un carefree en mis manos listo para ser metido en una bolsita de Carrefour, llamamos a urgencias y mientras llegaban vino la segunda parte, me encuentro en el baño con mi esposa llorando sin consuelo en el inodoro con un pedazo de placenta en el piso… y pérdidas, y más llantos, y más pérdidas… y las lágrimas de ella me dolían más a mi que la propia pérdida de mi hijo y su destino Francés en letras azules y rojas.

Existen en el mundo moderno un montón de estudios y análisis que ayudan a prevenir estas situaciones, pero claro.. en la semana de las fiestas y con las vacaciones encima que importa. Si el ecógrafo tiene que irse a Pinamar no es culpa de la institución. No tienen que buscar un reemplazo.

Llega urgencias y de nuevo lo mismo, sin revisar nos dice que hay que internarla entre 24 y 72 horas. Allá vamos de nuevo con los paseos por Baires con sus dolores, su angustia y su desconsuelo.  Mientras llegaba la ambulancia comenzó la búsqueda de la institución que tuviera para hacer una ecografía en estas fechas, ante la falta de entidad en CABA y Zona Norte nos recomendaron ir a una clínica en Martín Coronado, que ahí nos estaban esperando, y allá fuimos.

Un viaje por calles llenas de pozos, lomos de burro, serruchos reductores de velocidad, embotellamientos por cientos de personas paradas en infracción al costado de la Panamericana tratando de ver los coches del Dakar (después lloramos los muertos), todo esto para una persona que le dolía el cuerpo a cada segundo porque mal o bien, venía de un parto… un aborto natural es el mismo proceso de un parto pero más desagradable.

Pero los políticos no piensan que todas las cosas que nombré arriba perjudican a las personas. Ellos creen que generan seguridad con lomos de burros y serruchos, que los pozos son consecuencia de la crisis y que las infracciones tienen justificación por un acto “nacional”.

Llegamos a la clínica y juro que “la clínica del Doctor Cureta” era la fundación Favaloro a su lado. Deprimente. Mi esposa entra a una habitación (me piden que espere afuera) y en un abrir y cerrar de ojos la tengo sentada frente mio, en una silla normal en la sala de espera. “Me dijeron que venga para acá”… un pequeño detalle, la mandaron al piso de “Nurcerí”, donde pasaban cómo en un desfile de Benetton recién nacidos de todos los colores… hacerle esto a una mujer que 3 horas antes había abortado es de una inteligencia superior. “Voy a llamar a la Obra Social” dije… y bajé por el ascensor para hablar desde la puerta para que ella no escuchara mis insultos.

Cuando estoy cruzando la puerta del sanatorio suena mi teléfono: ” Sacame de acá…” mi esposa, que bajaba llorando por el ascensor caminando sola al no poder soportar la imagen que estaba viviendo, pero claro, habíamos llegado en ambulancia, ahora nos encontrábamos solos en Martín Coronado, en una clínica de barrio, sin plata (con el apuro me olvidé de agarrar) y con el cajero automático más cercano a 12 cuadras. Llamé a mi cuñado en busca de auxilio… por suerte siempre responde.

Terminamos los dos sentados en la puerta de una pizzería de barrio, tomando una Coca Cola sobre sillas de plástico rojas en un lugar del Gran Buenos Aires, no es que seamos finos, esto podemos hacerlo muchas veces por año… pero no después de un aborto.

Y volvimos al lugar donde nunca debinos dudar en ir, y la revisaron, la medicaron, la mandaron para casa y sobre todas las cosas, la calmaron. Ahora duerme… después de los últimos tres días que vivió duerme. Mientras yo la miro con admiración…

El estado debería legislar para proteger a las personas, pero sobre todas las cosas el estado debería entender que hay situaciones que además de difíciles desde lo físico lo son desde lo mental. Recuerdo cuando en España a mi hermana en menos de un mes la operaron del cáncer de mamas por cuestiones “estéticas”, cuanto antes actuaban ellos más probabilidades tenían de salvar partes del pecho y menor era el trauma generado.

Pués acá debería ser lo mismo, actuar para evitar el sufrimiento innecesario, para contener a la mujer y proteger su integridad. Escribo esto desde mi casa en San Isidro y con mi Obra Social aceptable (aunque le lunes hablaremos un par de cosas que no me gustaron personalmente) Pero si esto es lo que nos toca vivir a nosotros, no quiero imaginarme lo que les toca vivir a esas mujeres que por falta de recursos se atienden en Hospitales Públicos.

Y no me vengan con eso de “si hubieras ido a un Hospital Público esto no te pasaba”, que mientras tomábamos la Coca Cola llamé a mi Hermana que tiene un cargo importante en el quirófano de uno y ni ella pudo conseguir que le hicieran una ecografía. ·En estas fechas es imposible”… fue la respuesta.

Creo, como en otras muchas cosas, que la culpa no es de los políticos, es nuestra, por convertirnos en un pueblo anestesiado que mira con resignación las cosas que tiene que sufrir. Que nose queja donde tiene que quejarse, que se resigna a su realidad, que asume lo que vive como parte natural de un sistema corrupto. Me niego a recorrer este camino.

Mi cabeza en estos momentos va por otro lado, no logro centrarme en nada, no tanto por la pérdida sufrida, sino por el padecimiento degradante que tuvo que sufrir mi esposa al tener que contar su problema en 20 lugares, a 40 personas con cara de “te comprendo”… pués nadie la comprendía, ni a ella ni a otras mujeres que cada vez que cuentan que tienen un hijo muerto en su vientre pierden días de su vida por el dolor. Si las comprendieran no les harían repetir su desagradable historia.

Hablamos de respeto a las mujeres, pero no se lo damos, es fácil llenarnos la boca de palabras hermosas. Pero lo importante es como actuamos, no lo que decimos.

Y acá actuamos mal… eso está más que claro.

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